• EIN-LogoSpanish1-1024x257.jpg

Artículos

HABITOS-6.jpg

CAMBIAR HÁBITOS – Laura Quijano. Psicóloga.

CAMBIAR HÁBITOS Laura Quijano. Psicóloga. Uno  de los efectos positivos de la multiculturalidad es hacer evidentes…

COMO CONOCER A DIOS

Por Gloria Ramírez Licenciada en Teología Bienvenida a la dimensión espiritual, todas estamos necesitando más a…

LAS ALCACHOFAS

Por Mª Carmen Gutiérrez Palenque Las noticias que se obtienen de esta hortaliza se remontan a…

Actualidad

PRIMER AMOR

Si regresas a mí, volveré a recibirte y podrás servirme. Jeremías 15:19.

Siempre quise sentir la pasión del primer amor, así como la fuerza del Espíritu Santo, que viven aquellos cuya vida es objeto de la conversión verdadera.
Nací en un hogar cristiano. Fui bautizada a los once años de edad. Fue hermoso, pero al entrar en mi adolescencia empecé a sentir la necesidad de encontrarme con Dios de una forma más directa y sentir su Espíritu Santo, así como poder señalar claramente el día de mi conversión. Estudié en un colegio adventista, así que tuve el gran privilegio de empezar cada día en compañía de Dios a través de su Palabra. Era mi último año de la escuela secundaria y la clase de Biblia la asumió el director de la institución. Fue maravilloso cuando muchas de mis dudas fueron iluminadas a través del Espíritu de Dios.
Recuerdo con gran emoción cómo vi la historia de este mundo dirigida por la mano de Dios; vi al Cordero de Dios y su sacrificio enmarcado perfectamente en el santuario. Cada color, cada medida, cada material usado, me mostraban la perfección de Dios y su amor tan grande por mí.
En el transcurso de ese año, un día, allí sentada en un pupitre, le dije a Dios: “¡Señor, dedicaré mi vida entera a servirte!” Ese fue el día de mi conversión. Sentí como si él me hubiera bautizado con su Espíritu en esa ocasión.
Mucho tiempo después, hace solo tres o cuatro años, sentí la pasión del primer amor. Pude sentir un fuego abrasador dentro de mí y una fuerza arrolladora que nació de la Palabra de Dios. ¡No quería separarme de él ni un minuto! Quería alabarle cantando, orando, hablando y testificando de su amor. Quise llorar, y lo hice mientras limpiaba mi corazón de tantas manchas que había allí; su posesión en mí fue total, transformando tantos hábitos torcidos y dándome una mente nueva que pudiera comprender los misterios de su amor.
He comprendido que la conversión no ocurre en una sola ocasión. Debe ocurrir cada día, y debemos luchar por no perder esa experiencia maravillosa en la que entramos después de ser convertidas por su Espíritu.
Convertirnos no es cambiar de ideas ni de hábitos solamente; no es aceptar las doctrinas nada más. Es entrar en una estrecha relación de amor con el Señor. Es sentir la fuerza de su Espíritu en nosotras produciendo frutos de justicia y, sobre todo, aquella pasión del primer amor.

Benny de Rodríguez