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ALGO MUCHO MEJOR

Encomienda al Señor tu camino; confía en él, y él hará. Salmo 37:5.

Hace mucho tiempo escuché una historia acerca de un hombre que viajaba en un barco que naufragó. El hombre fue el único superviviente, al tener la buena fortuna de ser arrastrado hasta una isla. Cuando se repuso de su agotamiento, la recorrió y descubrió que estaba desierta. En su desesperación, preguntaba al Señor por qué había permitido que esa desgracia le sucediera a él.
El tiempo pasó y nuestro amigo construyó con mucha dificultad una chocita para protegerse del frío y de la lluvia. Un día salió a dar un paseo. Cuando regresaba, ya cerca, vio humo procedente del lugar de su casita. Corrió todo lo que pudo, pero al llegar vio que de su choza ya no quedaba nada, solo un montón de cenizas y una columna de humo.
Enojado, comenzó a reclamarle a Dios: “¿Por qué no cuidaste mi casa? ¿Por qué permitiste que una nueva desgracia me ocurriera? ¿Cómo es posible que aun esto me quites?” Era tanto su dolor, su enfado y su llanto que, sin darse cuenta, se fue quedando dormido. Durmió largo rato.
De pronto, escuchó una voz que le dijo: “Amigo, todo está bien. Vamos, el barco nos espera”. Él despertó y se sorprendió cuando vio que junto a él estaban unos marineros. “¿Qué ha pasado?, preguntó. ¿Quiénes son ustedes?” Y ellos respondieron: “Somos tripulantes de ese barco de ahí y vimos las señales que usted nos hizo. Vimos el humo del fuego que usted prendió para hacernos saber que estaba aquí esperando auxilio”. El hombre se sorprendió muchísimo, pues él no había encendido ningún fuego; es más, ni siquiera había visto el barco. El humo que habían visto los marineros era del fuego que había quemado su chocita. Al comprender que ese percance, esa aparente desgracia, había provocado que alguien fuera a rescatarlo, sintió vergüenza y pensó: “Yo estaba reclamándole algo a Dios, y no me había dado cuenta de que él tenía una sorpresa para mí. Yo quería que Dios cuidara mi choza, pero ahora él me va a devolver a mi verdadero hogar”.
Señor, muchas veces he llorado por no entender las cosas que me ocurren. Solo veo el presente, y quizá mis planes no salen como yo quisiera. Por favor dame fe, valor y confianza en ti, pues seguramente tú me estás preparando algo mucho mejor.

Rodhe Ruiz