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LO CORRECTO

Nada hay tan engañoso y perverso como el corazón humano. ¿Quién es capaz de comprenderlo? Jeremías 17:9.

Desde que tengo memoria oía que mis padres eran cristianos, pero que, por alguna razón, ya no asistían a la iglesia. Por entonces éramos vecinos de dos familias, una presbiteriana y otra bautista. Nos invitaban a asistir a sus reuniones y a participar en todas las actividades que ellos celebraban, como navidad y otras. Pero yo era muy inquisitiva respecto a la doctrina, pues leía la Biblia y mi madre nos recordaba constantemente acerca de los Diez Mandamientos. Esto hacía que yo estuviera siempre discutiendo con los pastores de esas iglesias y aun con los sacerdotes de la localidad, pues quería encontrar realmente cuál era la iglesia que acepta esta norma. Generalmente, ante todas las preguntas que yo hacía todo lo que me podían responder era: “Lee la Biblia. En ella está la verdad. Luego, haz lo que creas que debes hacer”. El interrogante que había entonces en mi mente era, y muchas veces lo expresé en voz alta, “¿por qué, entonces, no dicen la verdad de la Biblia?” Y la respuesta siempre fue: “¡Porque cada uno debe hacer lo que cree correcto!” ¿Es eso realmente así? ¿Debo yo hacer lo que creo que es correcto, o hay normas expresamente claras en la Biblia y que son irrefutables?
Con el tiempo, he descubierto que la Biblia es expresamente clara y no hay excusa alguna a la orden de Dios. Por lo tanto, no debo dejarme llevar por mis propios razonamientos, ni mucho menos por mis inclinaciones. Por eso, el propio Jesús, en su mayor anhelo expresado en la oración por sus discípulos antes de ser arrestado, dijo: “Santifícalos en la verdad; tu palabra es la verdad” (Jn. 17:17).
Si bien es cierto que el corazón puede ser impulsado en algún momento para hacer lo correcto, no es por su propia naturaleza, sino por la gracia de Cristo. Como mujeres o como madres, muchas veces creemos que estamos haciendo lo correcto, especialmente cuando se trata de asuntos del hogar o de nuestra vida personal. Sin embargo, ¿qué es lo correcto? El corazón sensible puede ser usado y llenado de los goces del cielo en bendición para sí mismo y, sobre todo, para otros. Que mi corazón y tu corazón sean sensibles de tal manera que pueda decirse que nuestro corazón es conforme al corazón de Dios.

Cora Duma Escobar de Villarreal