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MADRE, SIEMBRA Y COSECHARÁS –PRIMERA PARTE

Así que en todo tratad a los demás tal y como queréis que ellos os traten a vosotros. Mateo 7:12.

Hace muchos años, siendo yo estudiante, un pastor me dijo: “Betty, nos vamos a ir a nuestra tierra. Regresaremos con nuestra familia”. Yo tenía mucha amistad con él y su familia, y me sorprendió bastante esa decisión. Acudieron a mi mente varios pensamientos. ¿Lo habrían despedido del empleo? ¿Habría renunciado? ¿Tendría problemas familiares?
Me animé a preguntarle qué sucedía, a qué se debía aquel cambio repentino. Me contestó: “Mira, mis padres ya son muy mayores, y los padres de mi esposa también. Todos ellos viven lejos de nosotros y requieren de nuestra ayuda. Hemos estado analizando la situación, y creemos que debemos proteger nuestra vejez yendo para allá”. Debo haber puesto una cara muy rara, al no entender estas últimas palabras, pues el pastor se dio cuenta de mi confusión y me aclaró en términos que podía comprender mejor: “Es nuestro deber ir a cuidar de nuestros padres, atenderlos, disfrutar los últimos años que nos quedan con ellos. Cuando nuestros hijos vean esto que estamos haciendo, aprenderán y harán lo mismo con nosotros cuando llegue el momento”. ¡Qué acción tan hermosa! ¡Y cuánta sabiduría! Me quedé sin aliento porque comprendí muchas cosas aquel día. Me dieron una lección muy grande.
He vuelto a verlos en muchos lugares cuando hay congresos, y siempre nos saludamos con cariño. Yo siempre había respetado y admirado mucho a ese pastor. Sin embargo, desde que hizo lo que acabo de explicar, lo he admirado más todavía. Su experiencia me recuerda la de José. ¿Recuerdas la historia? ¡Cuántas maniobras tuvo que realizar para poder proteger a su padre y a toda su familia!
Quizá este sea un buen momento para recapacitar sobre tu relación con los tuyos. Es una oportunidad para reflexionar sobre qué tipo de relación mantenemos con nuestros padres ancianos. ¿Los tenemos abandonados? Si Jesús no viene pronto y pasan los años, nos haremos viejas. Estaremos cansadas, acabadas, y posiblemente hasta solas. ¿Qué preparativos estás haciendo para que los tuyos te adopten y sientan el deseo y la responsabilidad de cuidarte? Solo tú lo sabes. Lo que sí resulta evidente es que la ley de que lo que se siembra se recoge es insoslayable.

Elizabeth Suárez de Aragón