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“SI YO HUBIERA HECHO…”: ¿ANALIZANDO LOS “DEBERÍAS” O ¿CÓMO LIBERARSE DEL SENTIMIENTO DE CULPA?

Por María Isabel Gómez Hernández Licenciada en Psicología En el análisis que cada día “deberíamos” hacer…

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LA BELLEZA DE SUS CAMINOS

Mis caminos y mis pensamientos son más altos que los vuestros; ¡más altos que los cielos sobre la tierra! Isaías 55:9.

Es difícil aceptar que los caminos de Dios siempre son los mejores para nuestra vida, pero lo es aún más cuando las cosas no suceden como quisiéramos.
Cuando era todavía muy joven sentí que me estaba desviando de los caminos de Dios. Llegué a ver con miedo que si persistía en mi desobediencia, la vida futura sería para mí un desastre en vez de una existencia llena de bendiciones. Un día desesperada, le dije a Dios: “¡Señor, no puedo obedecerte. Por favor, oblígame a hacer siempre tu voluntad” ¡Te doy permiso!” Dos días más tarde, Dios me llevó a otro lugar y cambió mi vida totalmente.
Los años pasaron, me casé y Dios me siguió guiando. Sin embargo, un día pensé: “No puedo hacer lo que estoy haciendo. Me parece que seguir en esto no necesariamente es la voluntad de Dios. ¡Quiero otra cosa!” Dediqué un día completo a la oración y al ayuno, deseando convencer al Señor de mis argumentos. Al final del día, pensé: “¡Ya está! ¡Lo logré! ¡Creo que el Señor está de acuerdo conmigo!” Casi oía “su voz” dándome la razón.
El cuarto día por la tarde recibí una llamada. Dios me dijo claramente: “¡Estás equivocada! Estás donde estás porque yo te puse ahí y es ahí donde quiero que estés”. ¡Fue espantoso lo que siguió! Lloré y esa noche no pude dormir… Debido a tanta tensión, me salió una mancha de sangre en un ojo. “¿Por qué Dios hace las cosas de esta manera?”, me pregunté.
El Señor no me abandonó. Me recordó aquella oración de mi juventud. Entendí que él la recuerda, y que, cada vez que me desvío, él me “obliga” a hacer su voluntad. Volví a estudiar su Palabra, y una noche aprendí esto:
“Nuestros planes no son siempre los de Dios… En su amante cuidado e interés por nosotros, muchas veces Aquel que nos comprende mejor de lo que nos comprendemos a nosotros mismos, se niega a permitirnos que procuremos con egoísmo la satisfacción de nuestra ambición… Muchas veces nuestros planes fracasan para que los de Dios respecto a nosotros tengan éxito… En la vida futura se aclararán los misterios que aquí nos han preocupado y chasqueado. Veremos que las oraciones que nos parecían desatendidas y las esperanzas defraudadas figuraron entre nuestras mayores bendiciones” (Maranata, p. 319).

Benny de Rodríguez