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INTENTARLO Y FALLAR

¿Por qué voy a desanimarme? ¿Por qué voy a estar preocupado? Mi esperanza he puesto en Dios, a quien todavía seguiré alabando. ¡Él es mi Dios y Salvador!
Salmo 42:5, 11; 43:5.

Todos los seres humanos somos diferentes. Algunos prefieren el rojo; otros, el azul. Hay quienes les gusta la sopa tibia, pero otros la prefieren muy caliente. Nuestras diferencias pueden ser varias, pero lo que realmente define la identidad de las personas es la manera en la que enfrentan la vida.
En cierta ocasión leí un comentario de Thomas Alba Edison cuando le preguntaron cómo desarrolló la bombilla incandescente. Explicó que el filamento siempre ardía rápidamente, y comentó:”Intenté un experimento 2.732 veces, pero el único error habría sido no seguir intentándolo”. Recuerdo que lo primero que pensé fue en que si un ser humano consigue el éxito en su empeño, el número de fracasos previos resulta irrelevante, y vivir ese éxito es una gran oportunidad de aprendizaje.
¿Por qué, cuando nos enfrentamos a algo difícil, tenemos miedo de seguir intentándolo? Muchas veces decidimos abandonar nuestro empeño a la primera de cambio, pero así difícilmente se consigue nada. Hay que arriesgarse y enfrentar la posibilidad de fracasar antes de poder alcanzar totalmente nuestras metas, pues solo así podemos corregir errores.
Correr riesgos también implica una inversión que puede ser de sentimientos, de esfuerzo, de trabajo, y muchas personas prefieren no hacerlo. Es como si únicamente se concentraran en el hecho de las cosas que van a perder. No quieren salir de una cómoda situación y arriesgarse por algo más.
En mi vida he intentado también un experimento en más de una ocasión, y aun no he podido llegar a mi meta. No obstante, sé que no dejaré de luchar por ella, pese a toda la frustración que se siente, al enojo y a la tristeza consustanciales con la convicción de que el riesgo implica la seguridad de que puedes fallar, y no una, sino varias veces.
El fracaso nos pone en una situación vulnerable donde renunciar es la salida más fácil. Sin embargo, ¿por qué no quedarnos y luchar por nuestra meta? Aunque por momentos fallemos, estoy convencida de que es parte de la experiencia de la vida. Los errores no son un obstáculo, sino la posibilidad de cambiar el rumbo en otra dirección, la que nos acerca más y más al éxito.

Harumy Delmira Villarreal Quintero