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Amor en las cosas pequeñas

“…Bien,  buen siervo y fiel;  sobre poco has sido fiel,  sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor” (Mateo 25:21).

 

Sin importar el papel que nos toque desempeñar en la sociedad, las mujeres podemos creer que las cosas pequeñas carecen de importancia, pero pruebas vivientes nos indican lo contrario.

Un grano de arena en una ostra, al paso del tiempo, formará una perla. Una polilla puede derribar un árbol. Una gota que cae continuamente sobre la roca, le hace sufrir desgaste. Basta solo una bacteria en nuestro organismo para que dentro de unos días comencemos a sentir malestares, etc. Esto nos indica que las cosas pequeñas son dignas de ser tomadas en cuenta.

La cortesía, por ejemplo, es un elemento pequeño que hace grande a una persona.

La enseñanza de buenos modales en la infancia determinará en gran medida, la conducta del individuo en su edad posterior.

Hay cinco principios que padres y  maestros debemos practicar:

1. Darles un buen modelo para que lo imiten. Los niños reflejan cualquier actitud que observen. Antes de enseñarle buenos modales a los hijos, debemos cuidar los propios.

2. Tratar a los hijos con la misma cortesía que se utiliza para tratar a un adulto. Para que un niño comprenda que no todo lo que los adultos le dicen son reglas irracionales, es conveniente que nos preocupemos por dirigirnos ante ellos con frases como: por favor, gracias, perdóname, lo siento, con permiso, buenos días.

3. Animarlos a simpatizar con la gente. Cuando nuestros hijos descubran que el mundo es un sitio placentero, donde hay gente que desea ayudarlo,  tenderá a ser extrovertido y amistoso y por lo tanto aprenderá buenos modales.

4. Hacer hincapié en las cosas que implican verdadera consideración. Ceder el asiento a una persona mayor, renunciar a una moneda para dársela a una persona menos favorecida,  no hacer ruido porque alguien está enfermo o descansando, son actos de consideración al prójimo muy cercanos a la esencia de los buenos modales

5.No debemos esperar grandes resultados demasiado pronto. Comprendamos que la capacidad para los buenos modales aumenta a medida que el niño crece.

 

Ángela Silva Noguerón