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Una estrella de ángeles

“Diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente y venimos a adorarle”   (Mateo 2:2).

 

Aquí vemos cómo los magos llegan preguntando por el rey de los judíos, y a la vez, están dando la noticia de que ya nació.  Claramente nos damos cuenta que son extranjeros, porque no conocían el lugar. Descubrimos que fueron estudiosos por la pregunta realizada. Estaban seguros del nacimiento, pues eran investigadores de las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento, donde claramente en Números 24:17 dice que vendría un rey, aquí mencionado como estrella de Jacob.

Probablemente algunas personas desconocen que, la señal para encontrarlo, no era una estrella como la palabra misma lo dice, sino que eran ángeles que a lo lejos simulaban una estrella por su resplandor; por fe viajaban de noche siguiendo esa estrella de ángeles que se movía y les guiaba; de repente se detuvo en el templo de Jerusalén y fue ahí donde tuvieron una entrevista con los dirigentes.

Si eran personas de tanto conocimiento y se estaban guiando por “una estrella”, por qué llegaron a preguntar: “¿dónde está el rey de los judíos que ha nacido?, “el hecho de que los magos fueran encaminados a Jerusalén y no a Belén, indica el propósito divino de que su visita fuera el medio de llamar la atención de los dirigentes judíos al nacimiento del Mesías (CBA T5 282).

Así cómo los magos fueron quienes viajaron para buscar a Jesús, también debemos hacer cuanto podamos para ir a tener un encuentro con el Señor en nuestros templos.  El versículo de esta mañana nos dice claramente cómo permitieron ser dirigidos hasta encontrarlo.  Tuvieron tanta fe que caminaron y caminaron hasta llegar a él.

Durante su viaje descansaban para consultar las escrituras que llevaban y eso debemos también hacer nosotras, consultar las Escrituras para ser dirigidas por las sendas del bien.

Si observas, tú y yo realizamos la misma función de la estrella de ángeles que guió a los sabios.  Con nuestro testimonio llevamos a muchos a los pies de Jesús, pero, cuidado, porque también con el testimonio podemos evitar que muchos lleguen a él. 

¿Qué propósito movió a los magos para realizar un viaje tan largo y posiblemente accidentado?, el texto nos responde: “para adorarle”.

Dios permita que como esa estrella permaneció en el templo, permanezcamos dentro de nuestra iglesia y verdaderamente le adoremos Elizabeth Suárez de Aragón