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LA SALUD Y EL SER HUMANO

Por Doctora Dña. Mª Luisa Toral Licenciada en Medicina LA SALUD FÍSICA Decíamos en nuestro artículo…

LAS PATATAS

Por Mª Carmen Gutiérrez Palenque Las patatas son el alimentos más conocido y consumido en el…

LO QUE DIOS HA HECHO POR MÍ

Dios mío, tú me has enseñado desde mi juventud, y aún sigo anunciando tus grandes obras….

Actualidad

NO MÁS EXCUSAS

Señor, yo nunca me he distinguido por mi facilidad de hablar… Francamente, me cuesta mucho trabajo hablar. Éxodo 4:10.

“No soy perfecta”. “Tengo muchos problemas”. “No sé mucho de la Biblia”. “No tengo talentos ni habilidades”. “Tengo recursos limitados”. “No soy capaz”… Excusas comunes. Pero recordemos la vida de estas mujeres que Dios ha usado.
Eva, desobediente (Gén. 3:6), fue la madre de las naciones. A Agar, despreciada, rechazada y echada de su casa (Gén. 16:6), Dios le prometió “Multiplicaré tu descendencia, que no se podrá contar”. Sara, embarazada en su vejez (Gén. 21:1), dio a Abraham, ya en su decadencia, descendientes numerosos como las estrellas del cielo (Heb. 11:11). Rebeca, engañadora (Gén. 27), fue “madre de dos naciones” (Gén. 24:23). Lea, que era fez (Gén. 29:17), fue madre de la mitad de las tribus de Israel. Raquel, que era ladrona (Gén. 31:19), fue la madre del visir José. Tamar, viuda y prostituta (Gén. 38), nos enseña que hay cosas que parecen correctas y justas, pero no lo son. Ana, estéril y acusada de borracha (1 Sam. 1:2, 12), fue la madre del profeta Samuel. Noemí fue viuda en tierra extraña (Rut 1:1-5), pero fue también progenitora de Jesús. Betsabé, infiel a su esposo (2 Sam. 11), fue la madre de Salomón, el hombre más sabio que ha vivido. La mujer sunamita era incrédula (2 Rey. 4:15), pero ayudó al profeta de Dios. Esther era mentirosa (Est. 2:10), pero salvó a su pueblo. María, adolescente encinta (Mat. 1:18), fue la madre de Jesús. María Magdalena, otrora endemoniada (Luc. 8:2), oyó decir al ángel “¡Ha resucitado!… vayan a decirles a los discípulos” (Mar. 16:6, 7). Juana, que mantenía a los hombres (Luc. 8:3, 24), ayudaba a Jesús y sus discípulos con sus propios recursos. La samaritana había estado con varios hombres (Juan 4:17), pero fue la primera misionera.
Dios no requiere una entrevista de trabajo para usarte en su obra. Él es nuestro Padre celestial. No mira nuestras finanzas. No discrimina, ni es parcial. No es rudo, no es injusto, ni está ciego a nuestras necesidades. Sabe quiénes somos, sabe cómo somos y nos ama pese a todo.
Satanás nos dice “No eres digna”. Resalta nuestros defectos y nuestros errores. Pero Jesús es nuestro abogado ante e Padre. Cuando Dios nos mira, ve a las joyas rescatadas por su Hijo en la cruz.

Ina M.Pryce