EL DIOS DE LO IMPOSIBLE

Gustad y ved que es bueno Jehová; dichoso el hombre que confía en él

(Salmo 34:8).

Quiero compartir contigo un milagro que Dios obró el 25 de octubre de 2007. Mi jefe, Mike Ryan, me pidió que le trajera sus carpetas de viaje para la Rep. del Brasil, ya que estaría volando esa noche a las 9:30. Mientras caminaba hacia mi oficina para buscar dicha carpeta, de pronto me di cuenta de que no tenía la visa necesaria para el Brasil. ¡Entré en pánico! Inmediata­mente llamé a la oficina de visas para ver qué se podía hacer. Me informaron que era muy difícil obtener una visa en tan poco tiempo y que la única po­sibilidad podía ser que Mike fuera a la embajada brasilera y personalmente apelara a ellos. Pero incluso eso no era garantía.

Mike fue a la embajada cerca de las 10:30 de la mañana. Mientras espe­raba, vio a otras tres personas que esperaban sus visas y se las rechazaban; la embajada informó que tardarían cuatro días para conseguirlas. Cuando final­mente lo llamaron, entregó su solicitud y le informó al agente que necesitaba la visa de manera urgente para viajar esa misma noche. El agente inmediata­mente le devolvió la solicitud, diciéndole que era imposible obtener una visa tan rápidamente. Mientras tanto, yo oraba constantemente para que Dios interviniera y les pedí a otras personas de la oficina que también lo hicieran.

De pronto, Mike recordó, y les dijo que tenía una visa por cinco años para el Brasil en su pasaporte viejo. Me llamó por teléfono y me pidió que me fija­ra la fecha de expiración. Para mi consternación, vi que había expirado el 18 de abril de 2007. ¡Mi corazón se hundió en la desesperación! Cuando Mike se lo contó al oficial de la embajada, este le respondió que no podían hacer nada por él.

Sin embargo, Dios inspiró a Mike para que no se rindiera. Explicó al ofi­cial que tenía varios compromisos en Brasil ese fin de semana, y que debía viajar esa noche. El hombre lo miró perplejo, luego tomó su solicitud y entró en otra oficina para chequearla con otra persona. Volvió después de unos cinco minutos y le dijo a Mike: “No nos vuelvas a hacer esto otra vez, pero ¡te daremos la visa!” Cuando Mike me llamó para contarme las buenas noticias, alabé y agradecí a Dios por su milagro maravilloso. Nuestro Dios es grande; nada es demasiado difícil para él. Solo debemos confiar en él.

Stella Thomas

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