Buenas samaritanas

“Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia” (Lucas 10: 33).

 

Estoy segura que todas recordamos lo que ocurrió el 11 de septiembre con las torres gemelas de Nueva York. Fue impresionante y confuso, cómo por un lado unos hombres que impulsados por la venganza provocaban la muerte a miles a de personas, y por otro lado hombres que daban su vida por intentar salvar a muchas personas de la muerte. Entonces se formó una gran unidad y solidaridad conformada por diferentes personas de distintas razas, religiones, costumbres y edades. Como mujeres cristianas no debiéramos esperar a que pase una gran tragedia para unirnos y apoyarnos. Si seguimos a Cristo debemos practicar el amor y la solidaridad para que se nos haga un hábito.

Como humanos, muchas veces se nos hace fácil criticar, y cuando alguien nos abre su corazón y nos confiesa su pesar lo que hacemos es juzgarlo, asustarnos o simplemente le decimos, “el Señor te ayudará”, y les aconsejamos como si nosotras nunca hubiéramos tenido algún problema y quizás haciéndola sentir peor. No somos capaces de comprenderla, ponernos en sus zapatos y acompañarle en su aflicción, orando, hablándole para ver como está y saludarla llevándole un bocadillo, haciéndole ver nuestra sincera solidaridad.

Quizá no esté ocurriendo un desastre visible e impresionante ante nuestros ojos, pero cuántas mujeres de entre nosotras están enfermas, esperando que alguien les lleve alimento, unas flores, o están pasando por una tragedia familiar, depresión o una situación difícil con sus hijos. No son desastres impresionantes ante el mundo, pero es una tragedia que está destruyendo un corazón y necesitan de una amiga.

 Vivimos en un mundo donde importan cada vez más el yo y los míos, y sólo vemos de lejos el sufrimiento de los demás. Es hora de practicar lo que Dios nos enseñó, dejémonos llevar por el corazón y amor de Dios ante cualquier necesidad de nuestro prójimo, apartemos un tiempo para darles nuestro apoyo.

Todos estamos expuestos a pasar por malos momentos, así que, estemos prestos a escuchar, ayudar y servir a otros de corazón y no sólo por las apariencias. Recordemos que Dios ve nuestros corazones, y las buenas obras son mejores ante Dios cuando son consecuencia de un amor verdadero y servicial. Esto lo podemos lograr con la ayuda de nuestro gran Dios.

Yunis Olguín de Balboa