“…tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia” (Éxodo 12:3).

 

Si vieras un hombre preparando la tierra para sembrar usando sólo sus manos y pudieras ayudarlo, ¿qué le ofrecerías? Una herramienta, ¿no es así? ¿Qué pensarías si él la rechaza? Probablemente que es un necio pues va a tener que trabajar mucho más y quizá no obtendrá los mismos resultados usando sólo sus manos. Dios nos ha dado herramientas para trabajar en nuestro primer campo misionero –el hogar. Herramientas para traer el corazón de los hijos hacia Él y a los padres. Una de ellas es el culto familiar.

Elena de White escribió: “Por la mañana, antes de irse a sus quehaceres cotidianos, reúna el padre a sus hijos en torno suyo y, postrados ante Dios, encomiéndelos al cuidado del Padre celestial. Cuando hayan pasado los afanes del día, vuélvase a reunir la familia en oración de acción de gracias y en canto de alabanza, para reconocer el cuidado divino del cual fue objeto durante el día.” (MC p. 305)

En Éxodo 12 encontramos el relato bíblico del pueblo de Israel y su liberación de Egipto. Para su preparación Dios dio órdenes específicas; es ahí donde encontramos algunos principios hermosos para imitar. Primero, Dios mandó que los ancianos (los padres), tomasen un cordero por familia.  Los hombres tenían que buscar el cordero –Jesús– antes de traerlo a su hogar. Tenían primero que hacer ese cordero suyo; en otras palabras, necesitamos tener una experiencia personal con Jesús antes de alimentar espiritualmente a nuestros hijos. No podemos dar a nuestros hijos lo que no tenemos. Dios indicó también, que si la familia era muy pequeña para comerse el cordero, entonces, y sólo entonces, el padre y su vecino tomarían un cordero de acuerdo al comer de cada miembro de la familia. La Biblia tiene un orden: primero debemos traer a Jesús al hogar y después que estén llenos de él, llevarlo a otros. Tristemente muchos padres de familia dedican su tiempo y fuerzas en llevar las nuevas de salvación a otros, mientras descuidan su primera responsabilidad que es traer sus propios hijos a los pies de Jesús. “La mayor evidencia del poder del cristianismo que se pueda presentar al mundo es una familia bien ordenada y disciplinada” (HC 26).

Al comenzar este día toma la decisión de traer ese cordero a tu familia al hacer el culto familiar. Si no tienes esposo, o si tu esposo no toma el papel que Dios le ha mandado hacer como cabeza del hogar, es tu responsabilidad traer el cordero –Jesús– a casa cada día.

Merlyn Balboa

Enero 23