Dios envía a un ángel

Guárdame, oh Dios, porque en ti me refugio (Salmos 16:1).

 

Cuando viajamos al interior del país para visitar a nuestros familiares, hijos y familia de mi esposo, siempre lo hacemos en nuestro automóvil para poder detenernos cuando nos encontramos cansados: en uno de esos viajes aprendí que Dios tiene preparado un ángel para auxiliarnos en momentos de dificultad.

Regresábamos de Veracruz felices de que en esta ocasión pudimos reunirnos  con nuestros hijos,  nueras y nietos. Íbamos comentando los momentos agradables que pasamos juntos. De pronto el carro empezó a fallar y sin causa aparente se detuvo. Tal vez gasolina pensamos, pero ¿qué hacer? Nos encontrábamos en plena autopista, a unas 50 Km. de la próxima ciudad, pensé demasiado rápido y expresé mi falta de fe: “Nadie va a pararse en este lugar; todos los autos van a mas de 100 Km. por hora” – dije; mi esposo mas calmado me contestó: “Dios puede hacer un milagro”. Sus palabras no me convencieron mucho, pues los autos iban demasiado rápido y yo me sentía temerosa y avergonzada, mi esposo empezó a  hacer señales a los autos que pasaban y en poco tiempo un conductor que pasó en su auto a toda velocidad, vio las señales, se regresó y nos dijo:

“Viajaba a 120 Km. por hora y no pude detenerme al verle, pero he regresado porque mi esposa me insistió tanto en ayudarles que aquí estamos; aunque debo decirles que mi hijo argumentó ¿porqué tienes que hacerlo?;  siempre  has dicho que no debemos parar en carretera para auxiliar a algún desconocido y ahora tú lo estás haciendo.  Bueno dije: “creo que algo más fuerte que yo me  está impulsando a hacerlo”. Fue entonces cuando reconocí mi falta de fe.

 Esta  familia se convirtió en nuestro ángel en ese momento de angustia; llevaron a mi esposo a la gasolinera mas cercana, lo trajeron de vuelta y, como el problema no se resolvió,  nos llevaron a la ciudad próxima, de taller en taller, hasta que encontramos a alguien que estuviera dispuesto a acompañarnos; cuando todo se resolvió, se marcharon; no nos abandonaron en un solo momento.

En su palabra Dios nos asegura que jamás nos abandonará, (Salmo 91) a lo largo del cual hay promesas inolvidables sobre la inmensidad del amor y el cuidado que nos tiene. Sin duda fue Dios quien impulsó a esta familia a gastar tiempo y gasolina para ayudar a estos “desconocidos”.

                                 Lidia Favela