Por Gloria Ramírez
Licenciada en Teología

Hola amiga, en este mes hablaremos de un tema de interés para todas, me refiero al aliento de la vida espiritual.

Todas necesitamos ese aliento especialmente en los momentos en que el dolor, la ansiedad, el temor y algún sentimiento negativo parece que nos oprime el pecho y sentimos que apenas podemos respirar. También lo necesitamos en momentos cuando la felicidad nos invade y sentimos el deseo de compartir con un fiel amigo que sabe escuchar nuestras alegrías.

Ese aliento del alma es la ORACIÓN que nos acerca a Dios, que como un buen amigo, nos escucha pacientemente, y tiene interés en ayudarnos en todo momento.

Tal vez te estés preguntado ¿realmente, es útil la oración?

Hace unos meses escuché en RNE, el comentario de que psiquiatras de reconocida experiencia estaban aconsejando a sus pacientes, como parte de su tratamiento, tener una religión y orar.

Dado que no gozamos de la posibilidad de conversar personalmente, ni siquiera de hacerlo por escrito, por lo tanto os pido que discurramos, y saquemos juntas conclusiones sobre el tema. Lo vamos hacer con la ayuda de algunas referencias del libro Elementary Treament of Psychology by Doctor Fink (Tratado de psiquiatría elemental del doctor Fink).

espiritualEntre otras cosas, el Dr. Fink explica en su libro, lo que es el pensamiento positivo y sus beneficios, y el pensamiento negativo y sus malas consecuencias. La ORACIÓN es el pensamiento positivo por excelencia, aconseja la búsqueda de una religión que estando legalmente permitida, satisfaga a la persona, y si ya la tiene, que la observe y sobre todo que se ore cada día y siempre que sintamos la necesidad o el deseo de hacerlo.

La oración es hablar de tú a tú con quien nos ha creado; contarle lo que queremos, todo cuanto nos preocupa, no porque él necesite que se lo digamos, lo conoce todo con mucha antelación y mejor que nosotros mismos, sino que al hablar con Él nos deshogamos, liberamos energías, nuestro sistema nervioso se relaja, somos nosotras las que necesitamos que nos hable para así conocer su voluntad, por causa del pecado hemos perdido la posibilidad de escucharle de viva voz, con los oídos, pero tenemos su Palabra escrita, la Santa Biblia.

La mujer que ora se conoce mejor a sí misma, sabe lo que quiere. Busca la alegría en los pequeños hechos cotidianos, es humilde porque, si bien reconoce que ha puesto en juego su voluntad y cualidades, piensa que lo ha logrado con la ayuda de Dios, cuando tiene problemas, busca soluciones dentro de los parámetros y en las directrices que le marca su conciencia, con lo cual se evita complicaciones posteriores.

La mujer que ora si no obtiene lo que desea, no sufre crisis, no se enfada, no inculpa a los demás, ni siente su moral y su auto estima rodando por los suelos. No siente la angustia de la soledad de la que depende de sus propias fuerzas, no se siente frustrada, abatida, se resigna.

La resignación es un término que los no creyentes dicen ser propio de cobardes, perdedores y vencidos. Pero, para la mujer creyente, es un compás de espera, una segunda oportunidad que deja en las manos de Dios, que es quien mejor conoce el momento y la oportunidad, a la larga, ella es la valiente.

La persona que ora, hace un ejercicio mental que viene a hacer una reserva para el momento de necesidad; en consecuencia su carácter es templado, no es un tobogán, o como las olas de un mar embravecido. Esto le convierte en una persona estable y sus ritmos biológicos también lo son, lo cual mejora su salud, y aún los que le rodean también se benefician de esto.

Concluye el Dr. Fink con la frase: «Las personas que oran caminan por la vida, mansa y serenamente … con su Dios».

Me gustaría saber tu opinión sobre el tema de la oración y más concretamente con relación a las siguientes reflexiones:

Si la oración tiene tantos beneficios terapéuticos para nuestra vida espiritual y física:

¿Por qué los cristianos oramos tan poco?

¿Crees que es necesario orar si Dios todo lo sabe y puede?

Hagamos nuestra esta experiencia maravillosa, comencemos y terminemos cada día de nuestra vida hablando con Dios -nuestro mejor amigo- a través de la oración.