Por Margarita Rose
Licenciada en Pedagogía y Religión

playaAceleremos nuestra carrera por la historia de los creyentes en Cristo hasta llegar al año 478 a.C., fecha en la que Ester, una mujer judía, fue hecha reina de Persia. Para orientarnos en el tiempo bíblico, diremos que esta fecha y estos hechos se sitúan aproximadamente cuarenta años después de la reconstrucción del Templo de Jerusalén y treinta antes de la restauración del muro de la ciudad por Nehemías. El pueblo de Dios, Israel, (elegido para testimoniar sobre el Dios verdadero y como custodio de sus leyes y los escritos del Pentateuco, los de los jueces y profetas, así como de los libros poéticos, etc.), se encuentra en una situación muy difícil en un país extraño.
En este contexto, quisiéramos hacer algunas preguntas directamente a Ester, libertadora de su pueblo y transmisora durante el cautiverio de esperanza y aliento a los suyos.
Ester:
– P. – ¿En qué momento percibiste que tu llegada al trono de Persia no era un mero hecho casual o accidental?
– R. – En la selección que hubo para buscar a la joven que sustituyese a la depuesta reina Vasti (en este caso no fue exclusivamente un concurso de belleza ni se trataba de seleccionar a Miss Persia) comprendí que era necesario agradar al rey en el sentido más amplio de la palabra, supliendo el vacío dejado en su corazón por la reina anterior, mujer de gran prestigio y personalidad.
El mayor atractivo de la mujer creyente no se deriva tan sólo de una conjunción estética de factores físicos, sino que lo proporciona su fuerza interior, transmitida con espontaneidad natural y alegría íntima, como consecuencia de encontrarse el alma en paz consigo misma y en armonía con sus congéneres.
Sin embargo, cuando transcurridos cuatro años de mi reinado se reveló la personalidad vanidosa de Aman, primer ministro del país, cuyo odio contra el pueblo de Israel y despotismo comenzaron a ser notorios, comprendí en un instante cuál era mi misión y el porqué de mi llegada, como mujer del pueblo judío, al trono de la nación.
– P. – ¿Sentiste en algún momento que el riesgo personal era demasiado grande o que incluso tu vida pudiese peligrar al desvelar tu vinculación hebrea?
– R. – Dejé de encontrarme sola ante el peligro evidente al recibir el apoyo de los demás hijos de Dios, que ayunaron conmigo durante tres días. Esto significó mucho para mí, ya que no me sentí como una persona aislada al iniciar la entrevista con el rey, mi esposo, sino plenamente identificada con mis hermanos.
Dios me concedió la serenidad y la astucia necesarias para actuar con aplomo, y poder descubrir ante Asuero (Jerjes) las argucias de Amán, en su afán de exterminar a los hebreos. Jehová nos dio la victoria y permitió que yo fuese una pieza instrumental en la misma, haciendo cambiar totalmente el signo de la maquinación contra su pueblo cautivo.
El festejo del triunfo por el pueblo fue enorme, instaurándose la celebración anual del Purim, fiesta de dos días de duración para conmemorar «días en que los judíos tuvieron paz de sus enemigos, y como el mes de tristeza se les cambió en alegría, y de luto en día bueno; que los hiciesen días de banquetes y de gozo, y para enviar porciones cada uno a su vecino, y dádivas a los pobres» (Ester 9: 22).
– P. – Ester, sabemos que esta fiesta es conmemorada aún hoy, por el pueblo judío en memoria de su liberación. ¿Tienes algo más que añadir?
– R. – Creo que cualquier persona, al servicio de un ideal puede ser efectiva en un momento determinado, siempre que se deje influir por el Ser Supremo.
Así concluimos nuestro periplo por algunos episodios del Antiguo Testamento.
De cara a la llegada del Mesías, podríamos plantearnos algunos interrogantes: ¿Cómo se enfrentaría Cristo a la abdicación de la tradición humana? ¿En el terreno concreto de la mujer, ¿cuál sería su actitud hacia la misma y su respuesta a la discriminación de la que ésta había sido víctima como consecuencia del pecado?
No olvidemos que éste es un asunto de plena actualidad, aún hoy en el siglo XX, ya que los mayores índices de pobreza, analfabetismo, sufrimientos y trabajos agotadores se dan entre el colectivo femenino de nuestro planeta. Esto es algo que está cada día a nuestro alcance en la prensa y medios de comunicación.
En el próximo artículo hablaremos sobre Cristo y algunas mujeres del Nuevo Testamento.