El día que los ángeles cantaron en el metro

“Después vi una gran multitud que ninguno podía contar, de toda nación, tribu, pueblo y lengua. Estaban ante el trono y en presencia del Cordero vestidos de ropa blanca y con palmas en sus manos”. (Apocalipsis 7:9)

 

Todos los eventos de la Iglesia son interesantes, pero sin duda alguna el más bendecido es el que se lleva a cabo cada cinco años: el congreso de la Asociación General, que es un pálido reflejo de lo que será esa gran reunión con nuestro amado Salvador Jesucristo.

Era el primer viernes de noche de la reunión en St. Louis, Missouri.  Mi amiga, mi hija y yo nos apresuramos a salir del Centro de Convenciones para ser de las primeras en llegar al metro y poder viajar sin tanto amontonamiento. Al llegar a la estación ya había mucha gente en espera del próximo tren. Había sido una noche inspiradora y así se hacía sentir en el ambiente.

La gente seguía llegando a montones hasta la estación y yo me preguntaba cómo íbamos a hacer para entrar todos en el tren. Algunas personas se empezaban a desesperar y la gente de la ciudad no parecía muy contenta con la presencia de tal multitud allí. 

De pronto alguien comenzó a cantar,  “De paz inundada, mi alma esté, aún cuando la cubra un mar de aflicción,  cualquiera que sea mi suerte diré: Alcancé salvación”.  De pronto y como una ola la gente comenzó a cantar y pronto unas 400 voces estaban entonando este himno, por la acústica de una estación subterránea del metro, eso se oía maravilloso, casi celestial. Realmente puedo decir que se sentía la misma presencia de Dios en ese lugar y seguramente los ángeles unieron sus voces a las de los que allí nos encontrábamos.  

Pude ver lágrimas en los ojos de varias personas, otros llamaban a sus casas por sus celulares para que su familia escuchara lo que estaba sucediendo allí y lo que me llamó la atención fue ver a una mujer de la ciudad que estaba  de pie, con los ojos fijos hacia el techo y elevando sus manos hacia el Altísimo siguiendo la letra de tan hermosa melodía.

Esa noche nos fuimos todos apretados dentro del tren, pero la sensación era de que el pueblo santo de Dios estaba viajando allí. 

He estado en muchos conciertos, he oído a muchos cantantes y músicos, pero creo que mientras viva nunca voy a olvidar la voz de los ángeles cantando en el metro.

Dios ha prometido que donde estén dos o tres congregados en su nombre, Él estará en medio de ellos y esto es una realidad. Cuando dispones tu corazón para estar en armonía con el suyo, sin duda alguna suceden ¡cosas maravillosas!

Sandra Díaz