Por María Isabel Gómez Hernández
Licenciada en Psicología

200133280-001Siempre se ha considerado que el estrés, ese descubrimiento del mundo moderno, era una afección típicamente masculina, del hombre de negocios, del empresario, del ejecutivo con una jornada de catorce horas. Sin embargo, he descubierto en mi propia experiencia que existe un estrés típicamente femenino y que no tiene por qué incidir con la incorporación de la mujer al mundo laboral, y puede desarrollarse en el mismo hogar.

Tal vez mi experiencia os sea útil. Dejé de trabajar como profesora cuando nació mi primer hijo, y durante siete años he estado dedicada al hogar, al cuidado de mis dos hijos, a ser ama de casa y esposa. Después de estos siete años he vuelto a la enseñanza, pero a un nivel muy diferente de cuando lo dejé. No era lo mismo trabajar sin dos hijos, que hacerlo con todo el cuidado y atención que una familia exige. Y empezaron los problemas: me sentía cansada, nerviosa, no dormía bien… y comencé a pensar en el tema. Seguramente sería estrés.

De mi labor investigadora sobre este tema, he llegado a la conclusión de que hay un tipo de estrés específico de la mujer debido a sus características físicas y psíquicas y que puede manifestarse directamente en trastornos premenstruales, jaquecas, problemas sexuales, bulimia, dolores de espalda, arritmia cardiaca, colitis ulcerosa…

mm_psicologia_02_2El primer problema que se plantea es que no se suele tomar en serio como el estrés masculino. Esta es nuestra primera dificultad e incomprensión por parte de nuestra pareja: -nosotras no tenemos «motivos» para estar estresadas. Vamos a tratar de descubrir si realmente pueden existir motivos.

No voy a detenerme mucho a la hora de definir lo que es el estrés, pero tomando como referencia el libro «Sin Estrés» del Dr. Julián Melgosa, en el cual se habla de él, de una forma amplia y general, y donde se define el estrés como: «Conjunto de reacciones fisiológicas y psicológicas que experimenta el organismo cuando se le somete a fuertes demandas, a fuertes presiones. Cuando alguien no se halla fuerte anímicamente, o ignora las técnicas para afrontar el estrés, y la carga le resulta excesiva, acabará tropezando o sucumbiendo ante cualquier obstáculo que se le presente.»

Se ha experimentado que el estrés nos hace más vulnerables a las infecciones, a la depresión, a los accidentes, a los ataques cardiacos e incluso al cáncer.

La mujer puede sentir el estrés propio de la maternidad, del trabajo, de la sexualidad, del amor, del matrimonio.

mm_psicologia_02_3Las mujeres se distinguen por pasar por tres hitos importantes: la menstruación, el embarazo, y la menopausia que pueden ser la causa y el marco de una serie de problemas derivados del estrés. Algo que las mujeres hemos experimentado desde siempre, es la tensión premenstrual. Se ha calificado esta tensión (irritabilidad) como un estado imaginario que proporciona a las mujeres una buena excusa para no enfrentarse con la vida cotidiana.

Sin embargo, investigaciones realizadas en los últimos años, muestran que se producen cambios menstruales de carácter físico o psíquico. El ciclo menstrual es sumamente complejo e importante, las hormonas implicadas provocan diferentes reacciones químicas y cambios metabólicos que no voy a detallar. Lo importante es indicar que se ha descubierto que el estrés puede agravar la mayoría de los síntomas de la tensión premenstrual (jaquecas, pechos duros y dolorosos, retención de agua, irritabilidad…) Y si además, se encuentra en su entorno con una actitud de escepticismo respecto al problema, el estrés se agravará más. Esto es sólo un ejemplo de la importancia del estrés femenino. Muchas veces nos sentimos mal, cansadas, deprimidas, nos duele hasta el alma, y no sabemos por qué. A continuación os presento algunos síntomas del estrés de la mujer que he entresacado del libro de Georgia Witkin, por los cuales podemos reconocer el estrés. Para ella son los siguientes:

Síntomas de estrés

1. BULIMIA. No hay duda que en caso de estrés, la mujer tiende a comer en exceso, tratando de llenar su vida, endulzarla, darle interés, sin comprender que cuando acaba de comer, la causa del estrés no ha desaparecido, sino que se ha agravado al pesar unos kilos de más.

2. ANOREXIA. Por el contrario, algunas mujeres sometidas al estrés de las crecientes responsabilidades de la vida, dejan de comer. Comienzan a preocuparse por su aspecto externo, deciden controlar lo que comen y adquieren así la sensación de que controlan los demás impulsos, pero que por mucho que adelgacen, su autoestima no mejorará mucho.

3. DOLORES DE CABEZA. Se ha comprobado que las jaquecas son un síntoma del estrés femenino, más que masculino. En la fisiología de la mujer, existe una predisposición a reaccionar de este modo ante el estrés. Parece ser que ciertas glándulas, vasos sanguíneos y músculos del cuero cabelludo, bajo la influencia de ciertas hormonas y activadas por el estrés se contraen produciendo episodios dolorosos.

4. DISFUNCIONES SEXUALES. La autora incluye en estas disfunciones la frigidez o inhibición de la excitación sexual, el vaginismo, la infertilidad, y problemas orgásmicos. El estrés dificulta la congestión y lubricación en los genitales femeninos ante la estimulación sexual, e incluso pueden llegar a inhibir el orgasmo.

5. REACCIONES DE ANSIEDAD. Parece ser que las mujeres experimentan más ansiedad que los hombres. Quizá porque educacionalmente se nos ha enseñado a tener menor agresividad, a controlar nuestras reacciones a ser pacíficas, y al no tener tantas válvulas de escape, sólo nos quedan las lágrimas.

Hay muchos más síntomas de estrés que podríamos enumerar. Cada mujer tiene unos puntos débiles a los que es más vulnerable a la reacción ante situaciones estresantes. A cada mujer nos da por algo, o nos afecta de una manera o de otra. Cada mujer reacciona de una forma distinta frente a una misma situación. Tenemos que aprender a reconocer nuestros puntos débiles físicos y psíquicos, las zonas conflictivas, nuestra forma de reaccionar, nuestra propia personalidad.