El fruto del Espíritu

“Así, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:20).

 

La mujer espiritual, la que tiene al Espíritu Santo morando en ella, ya ha aprendido a confiar plenamente en Cristo y a darle la gloria de todo a Él.

La mujer espiritual ha aprendido a encontrar gozo aún en las tribulaciones. “Y no sólo esto, sino que nos alegramos aun en las tribulaciones, al saber que la tribulación produce paciencia; y la paciencia produce un carácter aprobado; y la aprobación alienta la esperanza. Y la esperanza no avergüenza, porque el amor de Dios está vertido en nuestro corazón por medio del Espíritu Santo que nos ha sido dado” (Romanos 5:3-5).

En la mujer espiritual se manifiesta plenamente el fruto del Espíritu descrito en Gálatas 5:22 y 23 “Mas el fruto del espíritu es:

 

Amor: Deseo del bien de la persona amada, independientemente de sus acciones, pensamientos o sentimientos.

Gozo: Un profundo sentimiento de alegría, felicidad, independientemente de las circunstancias o aún a pesar de ellas.

Paz: Una profunda sensación de tranquilidad que también es independiente de las circunstancias.

Paciencia: Cualidad que sabe esperar con tranquilidad las cosas que tardan.

Benignidad: Afabilidad, benevolencia.

Bondad: Ser bueno, compartiendo con los demás, a quienes podemos ayudar, mirando a Jesús en cada uno de ellos.

Fe: La fe es estar seguros de lo que esperamos y ciertos de lo que no vemos (Hebreos 11:1).

Mansedumbre: Cualidad que denota ausencia de violencia.

Templanza: Virtud que consiste en moderar los apetitos.

Pongamos en práctica estos frutos que el Espíritu nos da, para que nos vean y reconozcan como lo que somos: verdaderas Hijas de Dios.

Pidamos a nuestro Dios y Padre que al iniciar este día, si estamos cansadas nos guíe, si nos sentimos débiles nos fortalezca con su Espíritu Santo, pidámoslo constantemente porque recordemos tenemos una misión muy importante que hacer: con nuestra familia, con nuestra iglesia y con la comunidad.

 

Sandra Ruiz de Sánchez