En compañía de dos ángeles

“Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, que te guarden en todos tus caminos” (Salmo 91:11).

En el año 2003 pasé por una situación difícil con respecto a mi salud, después de consultar varios doctores y recibir diagnósticos delicados, decidí viajar a la ciudad de México para hacerme un estudio más profundo. Nunca he dudado del poder y la misericordia de Dios para con sus hijos, y en esos momentos me sentía con más fe.

El doctor que me atendió es una persona muy amable, así que me sentía muy bien, y más aún porque estoy segura que Dios lo usó. Me hizo un electro y un estudio con medicina nuclear. El resultado de este examen fue una pequeña isquemia en una arteria coronaria. Recibí instrucciones estrictas de cuidados, tanto en mi alimentación, como en hacer ejercicio no muy forzoso, además de tomarme los medicamentos que el doctor me recetó a la hora indicada.

Llegó el momento de regresar a casa; compré mi boleto de avión, documenté mis maletas y me dispuse abordar la línea. Al estar acomodada me di cuenta que había dejado mis pastillas en una de las maletas ya documentada, me inquieté debido a que era necesario tomármelas puntualmente.

Preocupada por la situación elevé una oración a Dios pidiendo de sus cuidados, al levantar mi cabeza después de orar observé a un señor joven y muy presentable dirigirse a mí, me dijo muy amablemente que le había tocado sentarse a mi lado, además me aclaró que su compañero, un doctor, se sentaría también con nosotros.

Me sorprendí al darme cuenta que viajaría hasta mi destino acompañada de dos cardiólogos. Rápidamente le comenté mi preocupación, y me dijeron: “No tenga miedo nosotros iremos  pendientes de usted”.

Quiero creer que esas personas fueron como dos ángeles que envió Dios a mi lado por si me sentía mal. Dios manejó la situación para que tuviera aún más confianza en él. Me mostró que los hijos e hijas de Dios siempre estarán protegidos con su manto de justicia, y que las huestes celestiales trabajan en nuestro auxilio.

Que privilegio ser hijas de un Dios amoroso, el cual envía a sus ángeles cerca de nosotros para guardarnos en todos nuestros caminos.

Bella de Peñuelas

 

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