Feliz a pesar de todo

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad” (Filipenses 4:8).

 

Muchas piensan que la felicidad es un estado emocional que experimentamos de acuerdo a circunstancias externas, desconociendo que la felicidad es un estado emocional no circunstancial, y que puede desarrollarse como un estilo de vida, independientemente de lo que ocurra en el entorno; por lo tanto podemos asegurar que la felicidad o la infelicidad son hábitos que pueden cultivarse y, por supuesto, cada persona es libre de escoger cómo quiere vivir. 

Como seguramente habrás escuchado antes, los hábitos nacen como tales a través de la práctica cotidiana. Los pensamientos frecuentes de auto-conmiseración, el efecto cotidiano de las faltas no confesadas, una constante actitud mental cargada de pensamientos negativos hacia nosotras mismas, hacia los demás y hacia Dios darán como resultado un estado de “infelicidad” permanente. Y quien se habitúa a ser infeliz no sólo se afecta a sí misma, sino que afecta a todos los que le rodean. ¡Y cuántos  hay que enferman y aun mueren por esta causa!

Por otro lado, si esparcimos chispas de entusiasmo en nuestras actividades cotidianas, si vemos las cosas positivamente, si somos capaces de ver las estrellas en medio de un cielo cargado de  nubes, si somos tolerantes ante las debilidades de otros, si nos perdonamos a nosotras mismas y perdonamos a los demás seremos personas felices a pesar de las circunstancias externas, por muy adversas que éstas puedan ser.

Una actitud mental positiva es fundamental para permanecer felices; no en vano el Libro Sagrado nos insta: “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si alguna alabanza, en esto pensad” (Fil. 4:8).

Por lo tanto, no erramos al pensar que la felicidad es una decisión que está a tu alcance este día. Te invito a desarrollar el hábito de ser feliz. Lo puedes lograr sobreponiéndote a las circunstancias del momento, con la ayuda de Dios y, por supuesto, esfuerzo de tu parte; echando mano del dominio propio, don inmerecido que el Señor ha puesto en nuestras manos. ¡Decide este día a ser feliz!

 

Erna A. de Gómez