JUNTOS MANTENDREMOS EL CALOR

By 4 diciembre, 2018 Meditaciones Diarias

No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhor­tándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca (Hebreos 10:25).

Hace dos semanas, una gran tormenta de viento azotó nuestro valle. Antes de alcanzar los 125 kilómetros por hora, las ráfagas habían de­jado sin energía a todo el pueblo, inclusive a la estación meteorológica. Así que nunca sabremos la velocidad que adquirieron los vientos que soplaban sin misericordia, destruyendo todo lo que tocaban. Volaban escombros por todos lados. El polvo de los viñedos y los campos de trigo volaba en grandes nubes, cubriendo la luz del sol al mediodía. Lamentablemente, muchos de los árboles más viejos sucumbieron al viento como escarbadientes.

Cuando finalmente se aplacó el polvo, mi vecino, representante de la co­munidad, regresó con los ojos llenos de lágrimas del reconocimiento efectua­do sobre los daños en el pueblo. Durante varios días los trabajadores públicos trabajaron día y noche limpiando las calles, arreglando los cableados y los edificios, que la tormenta había destruido. Ahora, el parque local quedó con los restos de los amados árboles del vecindario: una pila de maderas del tama­ño de una casa grande. El aroma es una mezcla de pino, abeto y arce.

Lo más maravilloso de la pila de maderas es el vapor que emana de la pun­ta. Evidentemente, la vida que permanece en la madera está generando calor. Mientras la tierra alrededor está cubierta por varios centímetros de nieve, ese montículo de madera se resiste a sucumbir ante el frío del invierno.

Esa es la imagen de la iglesia de Cristo. Todos atravesamos tormentas. A veces, trastabillamos o nos enfrentamos con pruebas. La vida nos golpea. Pero aun cuando Satanás ruge amenazante, la iglesia permanece. El mundo puede abandonarnos en un montículo, pero sobrevivimos porque nos tene­mos los unos a los otros. Al abrazarnos y animarnos en la fe, la fragancia que emanamos nos lleva al Cielo y llega a las personas que nos rodean. El Espíritu de Dios nos mantiene abrigados, incluso en los momentos más fríos.

Las tormentas se avecinan y los vientos helados están en camino, pero en la iglesia de Cristo encontraremos la seguridad de su cuerpo en la tierra. Juntos mantendremos el calor.

Laura L. Bradford