La creatividad de Dios

”Hace mucho tiempo se me apareció el Señor y me dijo: “Con amor eterno te he amado; por eso te sigo con fidelidad, oh virginal Israel. Te edificaré de nuevo; ¡sí, serás reedificada!…” (Jeremías 31:3,4).

 

Durante mi niñez mi madre y maestros pensaban de mi como una niña “destructora”, todo lo que llegaba a mis manos terminaba desarmado, sin que ellos supieran que por mi mente solo había el interés de recrear los objetos en una forma que funcionaran mejor o lucieran mas bonitos.

En la actualidad, piensan de mí como una persona creativa, ¡Que diferencia!. 

Ciertamente casi todas las cosas que pasaban por mis manos y atraían mi interés eran transformadas, a veces mejoraban, otras empeoraban y muy seguido se perdían. Algunas de estas cosas fueron  libros escolares, relojes, vestidos, juguetes y hasta zapatos.

Una de las cosas que recuerdo con verdadera nostalgia, fue un reloj antiguo que mi madre guardaba para mí, mandó hacerle un brazalete especial de oro. Desarmé cada una de sus piezas, tratando de “mejorar” el diseño del joyero; obviamente no tenía los instrumentos ni el conocimiento para reconstruirlo; así que puse todas las piezas en una servilleta de papel y nunca más supe de él.

Estas experiencias me han hecho meditar que como parte del desarrollo de cada persona tenemos que ir haciendo cambios a través de nuestra vida, a veces estos cambios quedan bien, otos salen mal y en muchas ocasiones después de tanto cambio nos damos cuenta que hemos perdido piezas valiosas de nuestro carácter, cambiamos la inocencia por malicia, agregamos una bonita pieza de autosuficiencia, pensando que nos fortalecerá pero solo nos proporciona una falsa superación, que nos puede ocasionar la pérdida de piezas claves como el esposo, hijos, padres y la dependencia en Cristo.

Hoy en día doy gracias a Dios por tener la confianza de hacer cambios en mi vida, teniendo la certidumbre de su presencia a mi lado, y cuando pienso que hay cosas valiosas que he perdido, estoy segura que Él ha estado y estará recuperándolas para reconstruir mi vida.

Confiando en las promesas de Jeremías 31: 3 y 4   ¡sí, seré reedificada!

 

Sara Park de Salazar

 

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