LA DEVOLUCIÓN DE UN GESTO AMABLE

By 7 noviembre, 2018 Meditaciones Diarias

El mal perseguirá a los pecadores, mas los justos serán premiados con el bien (Proverbios 13:21).

Un hombre quería inscribir al niño que tenía bajo su tutela en la escuela donde yo trabajaba hacía algunos años, antes de retirarme del servicio público en mi país. Yo era la directora en ese momento, y sin muchos preám­bulos, rápidamente lo atendí, puse al niño en la clase y me olvidé del asunto.

Pocos años después, tuve que viajar para asistir a una reunión del Ministerio de la Mujer, y necesitaba unos días libres en mi trabajo, así que pedí el permiso y partí.

Tuvimos una reunión exitosa, y viajé con gozo de regreso a mi hogar. Pero el demonio no estaba feliz con nuestro éxito, así que trató de causar pro­blemas. Nuestro vehículo se descompuso, tuvimos que remolcarlo hasta el pueblo más cercano y pasar la noche allí. Al día siguiente estuvo reparado, y pudimos llegar a nuestro hogar a salvo.

Por causa de este imprevisto, llegué tarde a mi trabajo en la escuela. Cuando iba llegando, la directora que tan felizmente me había despedido cuando me marchaba, ahora me recibía con cara de enojo. Habían venido algunos inspectores mientras yo no estaba, habían notado mi ausencia irre­gular, y ella no había podido defenderme.

Al día siguiente, fui hasta la oficina para informar el porqué de mi ausen­cia cuando los inspectores habían venido. Esperaba encontrarme con mu­chas dificultades pero, en vez de eso, me recibió un oficial sonriente. Le conté mi misión, y él me dijo que debía firmar un informe. Mientras lo hacía, vi los nombres de otros miembros de nuestro personal. Cuando terminé, le pedí que me permitiera ver al jefe de supervisores, y él me preguntó: “¿Sabes quién soy?” Cuando le respondí que no, él me contó que era aquel oficial a quien yo había ayudado hacía algunos años. Cuando fue a la escuela y descubrió que yo no estaba, preguntó por mí. Otros miembros del personal testificaron que yo no era truhana, así que decidió no entregar el informe hasta que yo llegara y lo firmara. No necesité ver a ninguna otra persona.

Rápidamente se lo agradecí. El Señor utilizó a este oficial para cubrirme. Él me devolvió un gesto amable, en el que yo no había pensado mucho. Los gestos amables, aunque sean hechos por rutina, a la larga se recompensan.

Becky Dada