LAS CUATRO A

By 8 noviembre, 2018 Meditaciones Diarias

Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas (Eclesiastés 9:10).

Cuando miro hacia atrás a través de los años, me veo trabajando dura­mente todos los días: cocinando tres comidas al día para una familia de siete integrantes, lavando ropas y realizando la tarea interminable de ordenar y limpiar. Por muchos años, no tuvimos ni una heladera ni un lavarropas, lo que hacía más difícil la tarea. Hubo épocas en que tuve una empleada que me ayudaba con el trabajo, especialmente cuando los niños eran pequeños, pero a medida que fueron creciendo ellos también podían ayudar con algunas ta­reas; yo trataba de hacer que el trabajo fuera agradable para ellos. A pesar de ello, corría desde la mañana hasta la noche, sin tiempo para protestar o estar malhumorada, aunque había veces que sentía que estaba cumpliendo una condena perpetua de trabajo forzoso. ¿De dónde sacaba tanta energía? Muchas veces mi esposo me preguntaba: “¿No te cansas alguna vez?” A lo que yo respondía: “No, no tengo tiempo para eso”. La noche era el único momento para descansar.

Los años han pasado, y todavía me encuentro trabajando mucho, aunque tal vez no tanto como en el pasado. Todavía me pregunto de dónde viene toda esa energía, y me doy cuenta de que fue Dios quien estuvo conmigo todo el tiempo, dándomela. Recuerdo que me arrodillaba y agradecía a Dios por las tres A: Aceleración, ánimo y aguante; los tres dones especiales de Dios. ¡Sin ellos habría estado desamparada! Para hacer que mi trabajo y mi vida fueran completos, se me otorgó a la vez una cuarta A: Aptitud. Dios sabía que yo necesitaba aptitud para realizar mi trabajo eficientemente. Verdaderamente, Dios ha sido maravillosamente generoso conmigo, y le doy toda la gloria, la honra y la gratitud.

Hasta que me jubilé, tuve tiempo de utilizar mis talentos. Me divierto mu­cho haciendo artesanías, juguetes de tela y mantas en patchwork. Cierta vez alguien, después de mirar las cosas que había hecho, me preguntó: “¿De dónde sacas tiempo para hacer todo esto?” Le respondí que todas disponemos de la misma cantidad de tiempo: 24 horas; y el tiempo es un talento que debemos aprovechar y no malgastar. Estoy feliz de no ser perezosa y no me avergüenzo de trabajar. El trabajo es una bendición que Dios nos dio a todas.

Birol Charlotte Christo