No seas un árbol anfitrión

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honorable, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en eso pensad” (Filipenses 4:8).

 

El mes de junio del 2005, Dios nos dio la oportunidad de viajar a la ciudad de Cainrs, Australia. Siempre había deseado visitar este lugar. Había visto fotos espectaculares en el pasado, pero nada se compara con estar allí y ver los bellos paisajes que Dios creó. Pero a pesar de tener a mi alrededor tan encantador lugar, las evidencias del pecado resaltaban fuertemente.

En Australia hay un árbol que se conoce como “Curtain Fig Tree” o “Árbol de higo de cortina”. Es un árbol que ha crecido a tremendo tamaño y cuyas ramas mandan muchísimas raíces hacia el suelo formando con ellas una “cortina”.

Es realmente impresionante ver este fenómeno natural; sin embargo, cuando leí exactamente cómo sucede este proceso, quedé triste y chasqueada.

Sucede que una pequeña semilla o planta del árbol de higo llega a caer entre dos ramas de cualquier otro árbol. Cae justamente donde las ramas se juntan y forman una “V”.  Esta pequeña planta se acomoda en el árbol y de él saca la nutrición que necesita. Al pasar el tiempo, esta planta crece y manda sus primeras raíces alrededor del árbol anfitrión y paulatinamente la planta lo ahorca hasta que logra que éste muera y caiga. Cuando el árbol cae, el árbol de higo se dedica simplemente a mandar raíces al suelo y esparcir su asfixiante semilla a otros árboles.

En realidad los malos hábitos son como este árbol. Al principio no pensamos que nos puedan dañar. Una mentira blanca, un chiste de mal gusto, una mala palabra, un rato de programas inapropiados de televisión, ¿en qué pueden afectar? Pero poco a poco y sutilmente crecen y se desarrollan; y cuando menos imaginamos ya no podemos dominarlos; nos derrumban e incluso pueden llegar a asfixiarnos y terminar con nuestras vidas.

Tengamos cuidado con ellos. Sigamos el consejo del versículo de esta mañana. Léelo otra vez, memorízalo, y repítelo cuando el enemigo trate de hacer de ti un árbol anfitrión. Recuerda que con la ayuda divina podemos vencer.

 

Keila Aispuro Pitman

 

 

Enero 25