“Como el siervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti, oh Dios, el alma mía” (Salmo 42:1).

 

Me encontraba en el cuarto de un hospital, a punto de morir, con solo 2 años de casada y con un bebé de 4 meses. Había sido intervenida quirúrgicamente de la vesícula dos veces en tan sólo una semana. En ese momento una enfermera me daba la desagradable noticia de que no había donadores de sangre y que a las 7:00 de la mañana entraría nuevamente a quirófano para ser operada por tercera vez. Y para colmo de males mi sangre es Rh negativo,  ¡No; no puede ser…! quería escapar de la triste realidad. 

En ese momento sentí la necesidad de buscar, como el siervo busca las corrientes de las aguas, a mi Dios. Lo busqué en su palabra, lo busqué en el canto y lo busqué en la oración. Mis padres que en ese momento se encontraban conmigo, hicieron provisión para que yo pudiera saciar mi necesidad de Dios, ya que estaba tan mal, que no podía leer,  recuerdo que con lágrimas en mis ojos y con voz temblorosa, porque no tenía energía para poder cantar, mi papá y mi mamá me ayudaban a cantar.

Gracias a la paz que sólo Dios puede dar, me tranquilicé y confiada en lo que el Señor quisiera hacer de mí, esperé su voluntad. 

Más tarde fui trasladada a un hospital en la ciudad de Monterrey, donde me hicieron un estudio para saber realmente el problema que tenía, y por medio de una endoscopía trataron de solucionarlo. Pero tristemente no se pudo hacer nada, no había más remedio que volver al quirófano, por tercera vez volvían abrir mi herida, está vez se había convertido el problema en una peritonitis aguda, en la cual tuvieron que raspar y limpiar mis intestinos para intentar salvarme la vida. Estuve más de un mes hospitalizada, con tubos por la nariz y por la boca, esperaba que en cualquier momento el Señor me llamara al descanso.

Pero hoy alabo al Señor porque después de  tanto sufrimiento me tiene con salud y con la energía necesaria para poder cuidar de mi familia. 

Si  estás pasando hoy por alguna situación difícil o algún problema al que no le encuentras solución, recuerda que si buscas a Dios de todo corazón, podrás tener paz en tu corazón y con su ayuda saldrás victoriosa.  Pon tu necesidad en sus manos y Él te bendecirá.

 

Margarita López de Meza

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