¿Tienes un Getsemaní?

“Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5).

En el Getsemaní, Jesús sufrió una de las etapas más fuertes de tristeza y desesperación, justo antes de su muerte.

Él había invitado a tres de sus discípulos para que estuvieran cerca de Él en esos momentos tan difíciles. Probablemente quería sentir el apoyo de esas personas a las que Él amaba tanto, quería escucharles decir palabras de ánimo para soportar su terrible agonía; pero nunca las escuchó.

Cada vez que Jesús se cercioraba de que sus acompañantes dormían en lugar de orar y velar, regresaba tambaleante y decepcionado a su refugio, en espera de una respuesta de paz para su corazón.

Temía fracasar y separarse de su Padre, temía no darle la vida eterna a los seres humanos, y temía darle la victoria a Satanás, ¡Pero afortunadamente no fue así! El ángel que ocupa el lugar de Satanás en el cielo, vino a su lado para darle lo que nadie en la tierra le pudo dar: consuelo, ánimo, fortaleza, esperanza y comprensión. Jesús se levantó con nuevas fuerzas a enfrentar la prueba.

Te pregunto, ¿Tienes un Getsemaní? ¿Un lugar apacible en donde puedas abrir tu corazón al Señor, entregándole tus pesares, desalientos y tristezas?.

Solo Él puede comprenderte, nadie más, porque Él vivió ese sufrimiento y claro que estará dispuesto a escuchar todo pesar, dolor, o sufrimiento.

Si no tienes un Getsemaní, búscalo, verás muy buenos resultados para esos momentos de agonía en los que nadie nos apoya ni entiende. Allí podemos ser las personas más sinceras y hablar claramente con Jesús, derramarás lágrimas al sentir la presencia del Señor a tu lado, diciéndote: ¡Hija mía levántate, yo estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé, enfrenta las dificultades de la vida a mi lado, y tendrás victoria tras victoria!.

  

Blanca Navarro de Peñuelas