UN MAR DE CAMBIOS

By 6 noviembre, 2018 Meditaciones Diarias

Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia (Salmo 9:9).

Después de casi quince años, mi esposo, Harold, y yo hicimos un memo­rable regreso a Rusia, a un mar de cambios y vistas increíbles. Habían invitado a Harold para realizar la ceremonia de graduación en la Universidad Adventista de Zaoksky, y estábamos ansiosos por ver los muchos cambios que habían ocurrido desde la caída del comunismo. La primera transfor­mación que vimos fue en el aeropuerto más nuevo de la zona de Moscú: Domodedovo. Estaba bien iluminado, bordeado de negocios llenos de rega­los caros y una variedad de tentadores restaurantes que servían comida rusa. ¡Todo tan diferente de como era entonces!

El tiempo cambia a las personas y los lugares; puede traer libertad o puede arrebatarla. Pero qué maravilloso fue regresar a la antigua Unión Soviética, y encontrar iglesias que florecen y jóvenes que reciben sus diplomas para ir a pastorear lugares donde sus abuelos sufrieron persecución.

Nuestra visita allá fue como probar un pedacito del cielo, al estar con ami­gos que hacía muchos años no veíamos. Me di cuenta de que no fui la única que había adquirido más arrugas y cabellos grises. Podía mirar en las grandes audiencias, y reconocer las sonrisas que no había visto en un par de décadas. Esto es una prueba de que nos vamos a reconocer en la Tierra Nueva. Allí tendremos tiempo de ponernos al día acerca de lo que ocurrió en nuestras vidas, y no veo la hora de que llegue ese momento.

¿Dónde se habían ido los niños que habíamos conocido? La amorosa jo­ven que dirigía el coro de la universidad había sido la niña que nos había salu­dado con el pan y la sal rusos, especial para las bienvenidas. Otros graduandos venían a posar para la foto. Recorrimos la Source of Life Publishing House [Casa Publicadora Fuente de Vida] y nos encontramos con muchos pastores que habían recibido una colección del Comentario bíblico como regalo de sus hermanos de los Estados Unidos, Canadá y Australia. Nos contaron cómo habían aprendido el inglés al estudiar esos comentarios.

¡Esto fue como estar en la Tierra Nueva! Podíamos predicar sin el per­miso del gobierno. Podíamos cantar hasta que nos explotaran los pulmones. Podíamos compartir la literatura cristiana. ¡Era como si estuviera viendo el cielo!

Ven, Señor Jesús.

Rose Otis