Una oración contestada

Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él esperó mi corazón y fui ayudado; Por lo que se gozó  mi corazón y con mi canción le alabaré (Salmo 28:7).

 

¡Que hermoso es tomar unas vacaciones y descansar placenteramente! ¿Verdad? En el mes de agosto decidimos ir a Cancún y tomar unas  vacaciones.  Disfrutamos la estancia en ese lugar, las vacaciones terminaron y nos preparamos para regresar.

Nos despedimos de las amigas e iniciamos el viaje tranquilamente. Apenas habíamos salido de la ciudad, cuando se rompió una  de las bandas del motor. Paramos el auto y regresamos a la ciudad en el primer transporte que pasó, al llegar compramos la banda y llamamos a uno de los pastores para preguntar sobre algún mecánico conocido que pudiera colocarla.  Aunque no conocía a nadie prometió llevarnos para buscar alguien que nos acompañara. Llegamos a un taller donde los trabajadores eran únicamente jóvenes, negociamos el regreso a la ciudad y el costo y entonces uno de ellos se ofreció a acompañarnos. Durante el camino hablamos de la iglesia y los eventos importantes realizados en la ciudad. El joven mecánico escuchó todo pero no dijo nada. Al llegar al lugar de nuestro auto descompuesto el pastor nos dejó y regresó a la ciudad a cumplir sus obligaciones.

El joven mecánico colocó la banda rápidamente, y ahora había que regresarlo a la ciudad, en el camino preguntó a mi esposo si era pastor,  mi esposo le respondió que sí,  el joven estaba emocionado. Soy adventista dijo, pertenezco a otro distrito del pastor que les trajo. He orado para que Dios me enviara un pastor de lejos que pudiera ayudarme, anoche soñé que un automóvil se descomponía en carretera y que era yo el que resolvía el problema mecánico, cuando usted se presentó al taller esta mañana no recordaba nada del sueño, pero me sentí impulsado para acompañarles, ahora se que Dios contestó mi oración.

Por favor pastor ayúdeme, tengo graves problemas, dijo llorando. Así que nos detuvimos, bajé del auto para que ellos pudieran hablar tranquilamente y pudieran orar. Ese día ya no pudimos continuar nuestro viaje, allí había un alma atribulada y necesitada y había que ayudarla. Después de ese día aquel joven  con la ayuda de Dios logró resolver su problema.

Dios contestó la oración de una manera muy rara.

 

Lidia Favela